Costumbres y Tradiciones


El bautizo

La celebración de la « Aqiqa », el Bautizo, o el séptimo día del nacimiento del bebé, es una fiesta que reviste una importancia particular en la vida social y familial. Los preparativos para acoger al recién nacido difieren de una región a otra.

El bautizo en el sur
Las celebraciones del séptimo día del nacimiento del bebé varían de una tribu a otra, del monte al llano, conservando siempre a este acontecimiento su carácter excepcional en el seno de la familia, atada a sus costumbres y tradiciones.

Los preparativos para acoger al recién nacido incumben a las mujeres del pueblo quienes atienden a la futura madre, lejos de la mirada de los hombres, preparando los manjares y los “taqauet” a base de aceite de argan que servirán, después del parto, a alimentar a la futura madre en convalecencia.
En efecto, la llegada del recién nacido da prueba de la solidaridad y de una separación de papeles entre el hombre y la mujer. Si el casamiento de la chica o del chico depende de la autoridad paterna, la acogida del recién nacido se desarrolla en un círculo estrictamente femenina. El parto está a cargo de una comadrona, generalmente mayor de edad y experimentada, que “aprendió el oficio practicándolo”, asistida por otras mujeres para permitir el desarrollo del parto en buenas condiciones.

Durante el parto, los hombres se alejan de la casa en cuestión, pero quedan listos para intervenir si las mujeres que atienden a la futura madre lo piden. Con sólo anunciar el nacimiento, los “yu yu” brotan por todos lados para advertir a los vecinos la llegada del recién nacido. Directamente después del parto, la comadrona pronuncia en las orejas del recién nacido el llamamiento a la oración.

A partir de este momento, la casa del recién nacido se convierte en un lugar de encuentro entre todas las mujeres del pueblo que ofrecen a la madre regalos bajo forma de comidas preparadas a base de pollo “beldi” y de ingredientes elaborados especialmente para esta ocasión. Durante los siete días, la madre se exenta de todas las faenas caseras, se considera como una “princesa”, rodeada de sus prójimos y de un tipo de “madrina”, una segunda madre que se ocupa del bebé.
En lo que concierne la celebración del séptimo día, “l’lssem” o “Sabaa”, los parientes más próximos de la familia y los campesinos están invitados a la ceremonia que empieza por la salmodia del Sagrado Corán y los panegíricos del Profeta en un ambiente religioso.

Después de esta ceremonia, comienza la verdadera fiesta con las mujeres que se echan a cantar y bailar hasta las primeras horas de la madrugada. Durante estas festividades se anuncia oficialmente el nombre del recién nacido.

La elección del nombre del bebé incumbe al abuelo y en su ausencia, al miembro de la familia mayor de edad, cualquiera que sea su sexo. De costumbre, la familia de la madre sacrifica un cordero en la primera “Aqiqa” o “L’lssem” (bautizo).


La celebración de la “Aqiqa” en el Norte

En la vida social y familial, la celebración de la “Aqiqa”, o del séptimo día del nacimiento del bebé, refleja la autenticidad de las tradiciones de esta sociedad.
En efecto, esta fiesta destaca el interés que los habitantes de la “Paloma Blanca” conceden a la celebración de los acontecimientos sociales en la pura tradición local que saca sus raíces de los valores religiosos e históricos.

Los preparativos para la celebración de esta fiesta comienzan dos meses antes del parto con la ceremonia de « Laqmous » que consiste en la compra, por la abuela materna, de vestidos y otros artículos de aseo al recién nacido.

Inmediatamente después del nacimiento del bebé, un miembro de la familia, a menudo el abuelo paterno, entona en la oreja derecha del recién nacido el llamamiento a la oración.
Este ritual le sigue una “gran ablución” que consiste en lavar al bebé con agua mezclada con raíces de menta y hojas de alheña. Son plantas con virtudes dermatológicas, algunas de ellas simbolizan la esperanza de un porvenir próspero para el recién nacido.

Una raíz de menta remojada en el agua que sirvió para la “gran ablución”, se implanta en seguida en una maceta en el interior de la casa como signo de buen augurio. Además de ser motivo de gran alegría dentro de la familia, el ritual de la « gran ablución » está marcado por la imploración del Todopoderoso para guiar al recién nacido hacia el recto camino. Después viene la “segunda ablución” que consiste en lavar al bebé en un barreño en el que se mete un huevo que se ofrecerá luego a una chiquita de la familia o a la hija de los vecinos.

El séptimo día, la familia sacrifica un cordero. En este día, el bebé se deshace de todos los nudos y los botones de sus vestidos. Según la tradición, este ritual protege al recién llegado y descarta todos los obstáculos de su camino. El anuncio del nombre oficial del bebé, el momento fuerte de la “Aqiqa”, se recibe en un ambiente de alegría y piedad.

El acontecimiento está marcado también por la invitación de los prójimos a desayunar con “tqlia”, manjares a base de tripas de cordero, seguida por unas comidas copiosas que reflejen el conocimiento culinario de la ciudad. Por la tarde, la madre lleva sus más bellos vestidos para recibir los regalos al ritmo de las canciones andaluzas, algunos de sus refranes están dedicados al recién nacido.


El bautizo en la región del Este

la celebración de la llegada del recién nacido dura siete días, desde el nacimiento hasta la ceremonia de la inmolación que marca el bautizo del nuevo miembro de la familia.

El ritual de las festividades que marcan la celebración del nacimiento en Marruecos difiere, no obstante, en función de las particularidades locales. La unanimidad reside, sin embrago, en que estas tradiciones que acompañan al nacimiento constituyen un acontecimiento excepcionalmente esperado. Además de festejar la llegada de un nuevo miembro en la familia en cuestión, contribuye en efecto a romper la monotonía en el barrio.

Los preparativos para recibir al recién nacido comienzan ya varios días antes del nacimiento. La familia vela por la organización de la ceremonia del sacrificio y por la preparación de los manjares tradicionales específicos para esta ocasión.

Los más populares son el cuscus, el “bercukech”, un plato con fuertes especias hechas con grandes sémolas y cocidas con lentejas, garbanzos y carne seca o la “taqnatta”, un plato preparado a base de sémola, azúcar, aceite y granos de sésamo.

Se presta una atención particular a la parturienta. Sus manos y sus pies se dibujan con la alheña. En cuanto al recién nacido, se le unta diariamente, hasta el sexto día, con aceite de oliva mezclado con alheña y después se le envuelva con una tela. El ritual del baño, que reviste una importancia particular, finaliza el séptimo día en presencia de mujeres y chicas jóvenes que entonan panegíricos.
Los siete días están animados por una grupo local llamado « AlArfa » que entona cantos y bailes folklóricos. La ceremonia de inmolación que marca el séptimo día del nacimiento y permite el bautizo del recién nacido, se caracteriza por el ritual de la elección del nombre después de varias proposiciones y negociaciones, pero la última palabra es casi siempre la de los mayores.


El bautizo en Fez, una verdadera consagración social

En las tradiciones de Fez, el bautizo es un momento de felicidad y de alegría familial: grandiosa alegría por ser padre, madre, abuelo, abuela, tío o tía. El bautizo que se celebra en el séptimo día del nacimiento, comúnmente llamado “Aqiqa” en árabe, es un acontecimiento crucial en la vida familial.
En Fez, se suele que la familia de la esposa se encarga integralmente del bautizo del primer nacido. La víspera de esta ceremonia, la madre recibe a un desfile de chicas, acompañadas por un grupo folklórico “aissawa” o “dkaikia” llevando “lamchabek” (ajuar que contiene caftanes, paños bordados, pasteles, un cordero...).

El bautizo se celebra en una atmósfera de alegría general. Así, por la mañana, en un ambiente de cantos religiosos y de olores de incienso, la abuela paterna lava al niño ante los miembros más íntimos de la familia y en presencia de la comadrona, “laqabla”, conocida por su experiencia y su serenidad. Después de desayunar con un plato semejante a aquello del mes de Ramadan (sopa, dátiles, huevos, chabakia), la familia asiste al sacrificio del cordero para anunciar el nombre del bebé, poniendo un velo de protección (hijab) para proteger al niño y a su madre del mal ojo.
Las chicas entonan cantos religiosos y lanzan los “yu yu” y gritos de alegría a favor de la madre y del recién nacido. El nacimiento de un niño es un acto de felicidad y de alegría para la familia. Se percibe incluso como un signo de bendición divina. El orgullo de la mujer es doble, primero porque ha acertado en el pacto conyugal, y luego porque ha dado a la luz el heredero, el protector de la familia o la persona que conservará su nombre o renombre.

Maquillada y vestida en las puras tradiciones locales, la Nfisa (la parturienta) se presenta ante sus padres y sus amigos que la felicitan: la hacen recordar los momentos de su noviazgo. Según la tradición, la Nfisa debe alimentarse con platos a base de palomos y de gallo joven cocidos de una manera especial así como de “llouqui”, una mixtura de nueces, almendras, azúcar, harina, sésamo asado y aplastado regado de agua de azahares.

Este fortificante está tradicionalmente llamado « Lla bent Nbi » (“Sellu” de nuestra dama hija del Profeta). Por la noche, hombres y mujeres, jóvenes y menores, se instalan alrededor de la orquesta para celebrar la fiesta y vivir al ritmo de los sonidos de la música andaluza y popular.

El bautizo es realmente una ceremonia de alegría, de afluencia de regalos, de « yu yu », bailes, cantos, pasteles, bebidas y de manjares preparados especialmente para esta ocasión.

El bautizo es, sin lugar a dudas, un feliz recuerdo que prevé de un mejor porvenir. La parturienta se valoriza más que nunca y los demás la reconocen por su capacidad de procrear. No debe más pensar en sí misma, es de aquí en adelante madre y tiene que dedicarse a su progenitura.